Modulo4_KHEIRON_ES
Informes periódicos al coordinador: En muchos programas, se pide a los mentores (y a veces también a los mentorizados) llenar informes de seguimiento cada cierto periodo (mensual, trimestral). Suelen ser cuestionarios breves en los que se consulta: número de sesiones realizadas, principales temas trabajados, si hubo algún problema, cómo evalúa el mentor el progreso del mentorizado, etc. Esto permite al equipo técnico monitorear de cerca la evolución de la relación y brindar soporte específico cuando detectaban alertas (baja frecuencia de reuniones, dificultades de comunicación, etc.). Como mentores, debemos cumplir con honestidad estos informes, pues son una línea de comunicación formal con el programa para garantizar calidad. Para nosotros también es útil, ya que al responder nos obliga a reflexionar sobre cómo van las cosas y a pedir ayuda si fuera necesario. Indicadores cuantitativos clave: En la medida de lo posible, conviene registrar también algunos indicadores cuantitativos a lo largo del proceso: por ejemplo, número de sesiones efectivas realizadas, asistencias/inasistencias del mentorizado, cumplimiento de tareas asignadas (ej: “entregó 3 de 5 ejercicios que tenía pendientes”), eventos/actividades adicionales a las que el mentorizado asistió (si le invitamos a algún taller, etc.). Estos números complementan la visión cualitativa y se sugiere medir la frecuencia de sesiones y el porcentaje de sesiones realizadas vs planificadas como indicador de compromiso. En mentoría social informal no tenemos un “plan de sesiones” rígido, pero podemos por ejemplo fijar un mínimo (ej: encontrarse quincenalmente) y luego calcular qué porcentaje se logró. Si notamos que solo se concretó la mitad de los encuentros esperados, es un dato a analizar (¿hubo problemas de agenda? ¿falta de interés?). Por el contrario, si se excedieron las expectativas en tiempo compartido, es señal de alta implicación. Un buen seguimiento requiere sistematización. Lo ideal es que el programa provea formatos estandarizados (fichas, formularios) para que todos los mentores registren información de forma consistente. Pero incluso si no es el caso, el mentor voluntario puede por iniciativa propia llevar su cuaderno o archivo con notas de cada sesión. Esta documentación no solo sirve para “medir” sino que ayuda a reflexionar y planificar mejor las siguientes acciones. También, llegado el momento de evaluar el impacto, tener registros hará más sencilla la tarea de recordar qué cambios se dieron y presentar evidencia. Recogidade feedback del mentorizado Tan importante como monitorear qué hace el mentorizado, es conocer cómo se siente y qué opina el mentorizado sobre la mentoría. Su feedback nos da la pauta de si estamos siendo de ayuda y qué podríamos ajustar. Algunas estrategias y herramientas para recopilar esta retroalimentación: Encuestas de satisfacción para el mentorizado: Similar a las que mencionamos para el mentor, pero enfocadas en la perspectiva del joven. Se recomienda hacer al menos una al final del programa, y mejor aún también una intermedia. Pueden incluir preguntas con escala (por ejemplo: “Del 1 al 5, ¿cuán útil te está resultando tener un mentor?”, “¿Te sientes cómodo hablando con tu mentor?”, “¿Recomendarías esta experiencia a otro joven?”) y preguntas abiertas (“¿Qué es lo que más valoras de tu mentoría?”, “¿Algo que te gustaría que fuera diferente?”). Las métricas comunes obtenidas de estas encuestas incluyen el nivel de satisfacción general, percepción de progreso hacia sus objetivos, y utilidad percibida del programa. En entornos corporativos se mide incluso el impacto en indicadores mayores (retención, rendimiento), pero en lo social podríamos adaptar a, por ejemplo, “¿Te sientes más preparado para X que antes?”. Escuchar directamente al mentorizado de forma anónima (o confidencial) le da voz y nos muestra el valor que él/ella encuentra en el proceso. Si un mentorizado indica baja satisfacción, es una señal de alerta para intervenir a tiempo. 08
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