Modulo4_KHEIRON_ES
02 Participación y continuidad en el proceso: Una mentoría exitosa se caracteriza por la constancia en las sesiones y la permanencia de ambos participantes hasta completar el ciclo previsto. Indicadores cuantitativos útiles son la tasa de participación (¿acuden a las sesiones planificadas?) y la frecuencia de las sesiones realizadas. Un alto porcentaje de sesiones efectivamente llevadas a cabo (respecto a las acordadas) indica compromiso de ambas partes. Asimismo, la tasa de finalización –es decir, el porcentaje de parejas que completa el programa sin abandonos prematuros– es un KPI de éxito frecuente. Más allá del periodo formal, la continuidad voluntaria de la relación es una señal muy poderosa: si mentor y mentorizado deciden seguir en contacto o prolongar su mentoría extraoficialmente, muestra que encuentran valor en el vínculo. En algunos programas se ha visto que muchas relaciones se extienden informalmente más allá de la duración oficial gracias a la buena conexión lograda. Esta continuidad, cuando ocurre de forma orgánica, evidencia que la relación trasciende la obligación inicial y se ha convertido en un lazo significativo y de largo plazo. Satisfacción de mentorizado y mentor: La percepción subjetiva de ambos participantes sobre cómo va la mentoría es otro indicador fundamental. Encuestas de satisfacción sencillas (por ejemplo, tras algunas sesiones o al final) permiten cuantificar este aspecto. Un mentorizado satisfecho reportará que la mentoría le está siendo útil, interesante y adaptada a sus necesidades. Un mentor satisfecho sentirá que su tiempo está bien invertido y que cuenta con apoyo en su rol. Según mejores prácticas, se recomienda medir la satisfacción con encuestas de puntaje (por ejemplo, del 1 al 5) tanto para mentorizados como para mentores. Altos niveles de satisfacción correlacionan con mayor probabilidad de éxito: en un programa corporativo, por ejemplo, prácticamente todos los participantes estaban al menos “satisfechos” con la calidad de su relación de mentoría, y más de la mitad se declararon “completamente satisfechos”. Si en nuestras evaluaciones internas encontramos que 9/10 mentores repetirían la experiencia y que los mentorizados califican positivamente las sesiones, son fuertes indicadores de que el proceso está funcionando bien. Bienestar y desarrollo del mentorizado: Más allá de objetivos tangibles, la mentoría suele buscar impactos en el desarrollo personal del joven. Indicadores aquí pueden ser mejoras en el bienestar emocional, la motivación o las habilidades sociales del mentorizado. Se pueden medir mediante escalas o mediante observación cualitativa. Por ejemplo, el Índice de Calidad de los Acompañamientos de un programa socioeducativo medía cambios en variables psicosociales y encontró que “la mentoría implica un aumento del 88% en la autoestima, del 91% en la motivación para los estudios y del 87% en la curiosidad por aprender cosas nuevas”. Estos datos subrayan cómo un buen mentoring impacta actitudes y bienestar. A menor escala, un mentor puede notar indicadores como: el mentorizado muestra mayor confianza en sí mismo, ha mejorado su comunicación, toma mejores decisiones o expresa emociones con más facilidad que al inicio. También puede evaluarse el bienestar percibido a través de preguntas directas (p. ej., “¿Te sientes más capaz o más optimista desde que iniciamos la mentoría?”). Si la respuesta es afirmativa, es un claro signo de progreso. En contextos específicos, hay herramientas estandarizadas (por ejemplo, escalas de bienestar psicológico o de desarrollo de competencias) para medir estos cambios de forma cuantitativa; más adelante veremos un ejemplo de su uso.
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